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XXVII ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCRITORES Por: Julio César Medina Hernández La ciudad de Chiquinquirá está situada a 120 kilómetros de Bogotá, en la vía que conduce hacia Bucaramanga. Cuenta con doce colegios de bachillerato y cinco universidades, 16 grados de temperatura y 2.600 metros sobre el nivel del mar. Allí, en la Gruta Simbólica, nació Julio Flórez, el poeta popular más representativo de Colombia e Hispanoamérica. Y allí, en el mismo zaguán y junto al farol iluminado por la vela de sebo que aún no se doblega, nos reunimos, entre el 21 y el 24 de septiembre, medio centenar de escritores provenientes de las más diversas regiones de hispanohablantes (perdóname, Rina Tapia, y sus sabrosos quechuismos bolivianos). Veintisiete años ininterrumpidos hacen de este evento el encuentro de escritores más antiguo de Colombia y el más importante, toda vez que ha logrado llevar a esa ciudad a la mayor cantidad de autores nacionales y una muy representativa muestra de escritores de otros países. No obstante, el Ministerio de Cultura brilla por su ausencia: prefiere apostarle a las ferias ganaderas. De allí el “Manifiesto de Chiquinquirá”, que todos suscribimos, como una manera de sentar nuestra firma de protesta. Y es que en la era de la globalización, las miradas deben volcarse hacia la metrópoli, en tanto que la provincia y su entorno tienden a ser borrados del mapa por la magia de las políticas neoliberales, nos explicó muy bien el doctor Manuel Restrepo Domínguez, profesor de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, en una emotiva y muy didáctica conferencia en la que demostró cómo nuestra base social, la Carta de Derechos, con la que se fundaron los Estados a partir de la revolución francesa, ha sido suplantada por la libertad de mercado, bajo la égida de la Organización Mundial del Comercio y su principal agente, el Fondo Monetario Internacional. “Al Estado hay que exigirle que garantice los derechos, no que los proteja; quien debe protegerlos es el pueblo. Porque los Derechos Humanos no son dádivas de los gobernantes, ni legado que se adquiere con el simple hecho de nacer, sino que son hijos del pueblo y aún continúan en permanente proceso de construcción colectiva”, sostuvo el doctor Restrepo Domínguez. Después del desfile inaugural, al son de las notas marciales de una banda musical integrada por infantes (de la infancia, no de la marina), la reconocida periodista y escritora con ancestros huilenses, Patricia Lara -fórmula vicepresidencial del doctor Carlos Gaviria Díaz, que obtuvo el voto de confianza de más de dos millones seiscientos mil colombianos-, hizo el saludo de apertura y nos entregó “Amor Enemigo”, su última novela recientemente publicada. Después vino el encuentro con la poesía, la narrativa, los estudiantes, las danzas de Otanche, la música de “La Academia”, las canciones de Enrique Lancheros, las exposiciones de pintura y de libros… y el emotivo reencuentro con los escritores Arturo Arcángel, Manuel Boix Palacián, Nora Puccini, Óscar Londoño Pineda, Marga López Díaz, Fernando Soto Aparicio, José Antonio Vergel, Cristóbal Valdelamar, Rafael Rosado, María del Socorro Jaramillo, Fernando Alberto Cely, Javier Huérfano y Blanca Hilda León, para mencionar algunos. Fueron cuatro hermosos días conviviendo con la cultura, intercambiando libros y experiencias, tomándole el pelo al humor y cantándole al “Amor de lejos”, compartiendo con “Mónica” y con otros escritores de carne y hueso. Y por la noche, el merecido y cálido homenaje a Giovanni Quessep, el poeta nacido en San Onofre, Sucre, el último día de 1.939, en la voz autorizada de José Antonio Vergel Alarcón, su compañero de estudios. “Creo que todo poema debe ser una metáfora del alma”, nos dijo Quessep, al tiempo que recordaba a Alicia en el espejo. Como telón de fondo, es decir, detrás de todo esto -y del mismo micrófono- la voz cantante, el alma y nervio del evento, un excelente periodista, un destacado novelista oriundo de Ortega, Tolima, que llegó para quedarse, para regar semillas de cultura por toda la tierra boyacense, y a fe que lo ha logrado: el maestro Raúl Ospina Ospina, de fino corbatín y humor no tanto, presidente de la Fundación Cultural “Jetón Ferro”, entidad organizadora del encuentro, increpando a los maestros para que hagan bien la tarea, porque también a los docentes se nos había olvidado que: “Todo puede llegar; pero se advierte / que todo llega tarde”, hasta el revierte. |